No es falta de voluntad: cuando el cuerpo deja de ser claro

Por qué comer en exceso no es solo falta de voluntad: cómo el cuerpo, el impulso y la biología
influyen en la obesidad, la diabetes y la dificultad para dejar de comer, y qué opciones de
tratamiento existen hoy
“No tienes un cuerpo. Eres tu cuerpo.”
Baruch Spinoza
“Alguien me habló todos los días de mi vida al oído,
despacio, lentamente.
Me dijo: ¡vive, vive, vive!
Era la muerte.”
Jaime Sabines

Despiertas:

La noche fue buena. Incluso recuerdas un sueño extraño, vívido, algo que no pasaba desde hace tiempo
Durante meses, el patrón había sido otro: despertares constantes, idas al baño, la sensación de que las tres de la mañana se burlaban de ti.
Hoy es distinto.
Te mojas la cara. Te miras al espejo.
Aparece una sonrisa ligera: el rostro hinchado, el cabello desordenado, las lagañas. Nada de eso
molesta.
Pero la sonrisa se desvanece.
No es una cuestión estética. Es otra cosa: sabes que ese reflejo eres tú, pero no terminas de reconocerte.

El día comienza:

Hay que vestir el cuerpo, peinarlo, alimentarlo, sacarlo al mundo.Todo avanza rápido.
Y en medio de eso, aparece una realidad incómoda: “este cuerpo no ayuda”.
Pero tal vez ahí comienza el problema. El cuerpo que no ayuda no es un enemigo. Es la forma en la que hoy estás siendo.

Una tragedia real:

La obesidad y la diabetes no son únicamente problemas de hábitos, sino condiciones complejas donde intervienen el metabolismo, la conducta social y la regulación emocional.
En México, la diabetes se mantiene entre las principales causas de muerte, con más de 100 mil muertes al año.
A nivel mundial, millones de personas mueren cada año por enfermedades relacionadas con la
obesidad, la diabetes y el sistema cardiovascular.
Pero detrás de muchas de estas cifras hay algo en común: no solo enfermedades, sino formas de vivir el cuerpo. No es un tema estético, sino ético, nos
estamos muriendo por la inercia de una vida donde el consumismo y la autoexplotación que describe muy bien el filósofo Byung-Chul Han.
Muchas personas con obesidad o diabetes sienten que el problema es falta de voluntad. Sin embargo, hoy sabemos que el impulso por la comida, la ansiedad, la biología y los sistemas de recompensa del cerebro influyen directamente en la conducta alimentaria.

En búsqueda del bienestar:

Más allá del lenguaje, el cuerpo tiene su propia forma de comunicarse: deseo, hambre, dolor.
Pero también tiene historia y contexto.
Como proponía Roger Bartra con la idea del exocerebro, podríamos pensar que vivimos también en un “exocuerpo”: un cuerpo atravesado por el entorno.
La pregunta se vuelve evidente: ¿Por qué deseamos lo que deseamos?
Porque estamos inmersos en una circunstancia. “Yo soy yo y mi circunstancia”, escribió José Ortega y Gasset.
Somos la prisa de la mañana.
El hambre incómoda y saciedad rápida
Las horas en el tráfico.
El estrés de llegar tarde.
Las 8 horas jornada sedentaria.
El cansancio que no debería estar ahí.

El lenguaje del cuerpo

El cuerpo habla: hambre, saciedad, dolor, deseo. Pero hoy ese lenguaje está saturado.
Vivimos en entornos que estimulan constantemente: comida disponible, altamente palatable, accesible en todo momento.
No solo comemos más. Sentimos más señales.
Más intensidad.
Más urgencia.
Más ruido del que podemos procesar.
Pero, paradojicamente, hay una desconexión, el cuerpo y sus señales se vuelven un ente ajeno, el
cuerpo habla un lenguaje que no se comprende, se convierte en impulso ciego que en aras de la
supervivencia nos mata.

Demasiado ruido

Cuando el ruido aumenta, la claridad disminuye, y cuando la claridad disminuye, la conducta se vuelve automática.
En ese punto aparece una idea peligrosa: “no tengo control”, lo que se traduce en falta de libertad.
Pero tal vez la pregunta no es cuánto control tienes, tal vez la pregunta debiera ser qué tan claro está tu cuerpo, y algo esencial, cómo aprender a reconectar con él.

Cuando el impulso decide

Lo que vemos en la conducta alimentaria —impulso, repetición, dificultad para detenerse— comparte
características con otras conductas humanas.
No son lo mismo, pero se parecen:
el consumo de alcohol, tábaco u otras drogas, hábitos compulsivos, la búsqueda constante de alivio
inmediato, el sedentarismo compulsivo en el que cada tiempo libre es una invitación para perderse en
una pantalla.
El subtexto de ello es escapar de los estímulos aversivos del aburrimiento, el estrés, la depresión y de la falta de sentido.

El cerebro busca alivio:

El cerebro está diseñado para eso: buscar alivio, no necesariamente bienestar a largo plazo, sino
inmediato.
Como si algo insistiera, todos los días, en empujarnos a vivir, incluso cuando no entendemos hacia
dónde. Sin embargo, podemos usar ello a nuestro favor, es decir, como una herramienta para actuar en nuestro bienestar. Ello, paradojicamente es la base del acto libre, es decir, conocer nuestras
condicionantes y usarlas a nuestro favor.
Así, tratamiento integrales como los que ofrece Hola Salud, permiten coadyuvar a través de la
medicina, nutrición y psicología para lograr un bienestar real y perdurable en los pacientes.

Más espacio, menos ruido

Hoy existen tratamientos para la obesidad que van más allá de la dieta tradicional.
Medicamentos como semaglutida o tirzepatida pueden ayudar a regular el apetito y disminuir el
impulso por la comida.
Muchas personas reportan:
menos pensamiento constante sobre comida,
menos ansiedad por comer, más espacio.
Podríamos decir: más libertad.

La biología también es libertad

Ese cambio es importante.
Porque entre el impulso y la acción, cuando aparece un espacio, aparece la posibilidad de elegir.
Esto no significa que todo se resuelva con medicación.
Significa que la biología también forma parte de la libertad.

Volver a elegir

En Hola Salud trabajamos desde esta idea:
la obesidad, la diabetes y la conducta alimentaria no se entienden solo desde la voluntad, sino desde la interacción entre cuerpo, mente y entorno.
Escuchar al cuerpo es importante, pero a veces no es suficiente.
A veces, el cuerpo necesita ayuda para volver a ser claro. Y cuando eso sucede, algo cambia.
No desaparece el deseo, pero deja de dominarnos, es entonces cuando el deseo se convierte en un goce vital.

Descansas

Ahora es de noche. El día terminó, junto con ello el trabajo, el estrés y el tráfico.
El ruido baja. Te recuestas y por un momento con aromas de eternidad, no haces nada. No intentas
cambiar nada, y lo disfrutas.
Respiras. Sientes el peso de tu cuerpo sobre la cama, el ritmo de tu respiración, el contacto con las
sábanas, el reflujo nocturno y el dolor de espalda.
No es perfecto. No es ideal. Pero es tuyo, mejor dicho, eres tú.
Y esta vez no necesitas mirarte en un espejo. Porque, por un instante, no te observas: te sientes.
Y desde ahí te preguntas, si tuvieras un poco más de espacio, si el cuerpo dejara de empujarte con tanta fuerza ciega: ¿qué empezarías a hacer distinto?
Vivir más… vivir mejor
Cuidar el cuerpo no es solo una cuestión estética. No se trata solo de vivir más, se trata de vivir mejor.

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